sábado, 11 de diciembre de 2010

El presente es lo único que tengo.

El título se lo debo a Julieta Venegas. El presente es lo único que tengo, el presente es lo único que hay ♫. No recuerdo dónde ni cómo fue que escuché esa canción. Claro que ya la había escuchado antes, pero me refiero a hoy. Hoy que tomé dos botellas de Coca Cola, yo, que usualmente tomo una para matar el antojo.
Hace unos días estoy movida por el Nobel de Vargas Llosa. Mis estados en Facebook no me dejarán mentir: "Yo también quiero el Nobel de Literatura" y "El primer deber de un escritor es complacerse y satisfacerse a sí mismo; un escritor verdadero siempre quiere escribir para una audiencia de una sola persona". La primera es de mi autoría, la segunda, de E.B. White. Encontré un listado de Los Diez Mandamientos para escribir con Estilo, por Nietzsche y leí un par de blogs. Es la una de la madrugada, cumpleaños de mi abuela y domingo. Me pican los dedos por escribir. Hace ya un tiempo que tengo ganas de escribir. Muero de ganas por escribir. ME PUDRO POR ESCRIBIR. Y bueeeeeno, supongo que esas ganas ya no pudieron ser reprimidas y acá estoy, en lo que parece me hablo sola. Monólogo interior? Tal vez. Tengo en mente escribir sobre los libros que he leído, quién sabe puedan ser de utilidad (ya sea por el descubrimiento de una tarea escolar a las once de la noche o por simple desfogue). También quiero postear cosas que me pasen, pero eso es secundario.

Escribir. Escribir es humano, pero divagar es divino. Cada quien vuela a su propio estilo y ahí está lo rico: la variedad que eso produce. Las palabras son rápidas, uno tiene que estar ahí, como atrapando caballos con una soga porque las ideas se piensan una sola vez y así como vienen fácilmente; fácilmente se van. Sentarse, cerrar los ojos y por un momento pensar en cuán vivas son las cosas, en cuán mortales son y en cuánto tiempo vivimos sin notar esos detalles. Recordar unas, imaginar otras: depende de cada quien. Como dice Oscar Wilde, No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Digo, abrir tu mente y dejar que hable el alma es tan relajante, que lo considero una terapia. Es sentirse escuchado, es reproducir tus ideas con la opción de ponerle play cuando quieras porque sea lo que sea que escribas: siempre quedará ahí. Es inmortalizar el pensamiento, darle dones a la palabra y sacramentar el verbo. Es rascarse los dedos. Escribir es sincerarse, es mentir. Es ser libre. Es encontrarse, es aclarar tus dudas, es desahogar penas y cazar respuestas. Es armar realidades, es crear, es construir, es soñar. Pero hablo de ESCRIBIR DE VERDAD, creando sentimientos, trasladando emociones y regalando experiencia. Hablo de convertir lo más simple en lo más maravilloso; de darle sentido a la alquimia literaria. 

Es aprender que no hay momento ni hora ni lugar para hacerlo. Aprender que cuando uno tiene ganas, sólo queda sacar lo que lleva dentro y dejarlo ahí, flotando en el espacio para que admire a los grandes y motive a los pequeños. Es entender que no siempre va a lograr decir lo que se propuso y que en vez de fallar, puede decir mucho más. Es regalarle cosquillitas a la razón, esconderse en el anonimato o avalar una locura, es detener el tiempo y poder refugiarse en cualquier cosa: puede ser un poema, puede ser un libro o puede ser un blog :)

4 comentarios:

Patronux_pc dijo...

¿Escribir es mentir?

Erika Zeballos dijo...

"Escribir es sincerarse, es mentir. Es ser libre". Léelo como que uno al escribir tiene la libertad de ser sincero o mentir :)

Patronux_pc dijo...

QUÉ GG

Erika Zeballos dijo...

¬¬