domingo, 30 de octubre de 2011

Pd.- Háganle saber.


"Estamos a trece de diciembre. Termino clases el diecisiete y en Facebook toda mi promoción publica estados tristes. Soy mala: no me pongo triste. Todos dicen que disfrute mi colegio, que después lo voy a extrañar, que me voy a arrepentir de haber deseado terminarlo. Que me voy a arrepentir de haber dicho que jamás lo extrañaría."

Hoy, treinta de Octubre del año siguiente, extraño mi colegio, es cierto, pero a todas luces puedo decir que es un sentimiento relativo. Extraño algunas cosas que sé jamás volverán pero estoy muy de acuerdo con que sea así. Que no vuelvan. Que se queden ahí, congeladas en el pasado. Albergadas en el recuerdo hasta que se aferren al olvido. Así será mejor. Mejor así. 


¿Por qué así?

Pues no tengo la menor idea, sólo veo que cada que quieren volver sólo hacen daño. Es como si esas situaciones sean jugos gástricos. En su momento hubo una excelente digestión y ¿por qué? pues porque había voluntad y motivación y esa complicidad de la hermosa escolaridad. A todo esto lo tomaremos como si fueran  alimentos. Cuando hay alimentos en el estómago y los jugos gástricos hacen su trabajo, todo funciona de la patada.

De la refurinfunflay, como diría el panzón multicolor.

Pero y qué pasa cuando no hay alimentos. Cuando masticamos chicle y estimulamos nuestro vacío estómago y salen los fluídos gástricos a arremeter con "algo" que no está. ¿Qué pasa? ¿Hay digestión acaso? No pues, no hay nada si es que hablamos de digestión. ¿Nuestro estómago? ¿Ahí, bien gracias? No, no es así de simple. Sucede que la protección de las paredes del estómago contra los efluvios no es suficiente a extremos en que el jugo gástrico digiera esta pared estomacal cediendo paso a llagas o úlceras. Una úlcera es dolorosa. 

¿Traducción?

Digamos que nosotros somos nuestro estómago. El extrañar el pasado, nos hace hacer de todo porque vuelva y por eso masticamos chicle. Estimulamos entonces las situaciones del pasado, aquellas que aunque escolares marcaron nuestra vida, son los jugos gástricos necesarios para la digestión. Digamos que nuestra voluntad, nuestra motivación y la complicidad ya mencionada son el alimento. El alimento que en conjunto con los jugos gástricos hacen un buen trabajo. Nos fortalecen, nos hacen bien. Cuando no hay alimentos en nosotros -no hay motivación, no voluntad, no nada- los jugos gástricos nos hacen daño, nos provocan úlceras, nos lastiman. Hieren. O sea que al final de cuentas aquello que extrañamos termina siendo aquello que nos hace daño.

Que nos lastima y nos deja heridas en el alma.


Por eso, ahora, casi un año después, con total seguridad me atrevo a decir que las cosas del pasado, en el pasado tienen que quedar. No porque no las extrañemos, sino que por su naturaleza y por el cariño que le tuvimos, es mejor tenerlas ahí como "un buen recuerdo" y no una tortura constante ni un atentado para nuestra paz. Y bueno, a las finales, a veces para estar en paz es mejor no masticar chicle. No estimular nada, no hacer nada. Ni siquiera esperar, sólo recordar. Que en nosotros quede que de resentimientos no se vive y que Hay gente a la que seguirás queriendo toda la vida a pesar de lo que pase. Piense lo que piense, actúe como actúe.

Pd.- Háganle saber.

3 comentarios:

Victor Falconí™ dijo...

Yo siempre he querido regresar al tiempo en el que estaba en el colegio y cambiar algunas cosas, pero mi pasado me hace quien soy ahora. Y también volver a vivir los buenos momentos que pasé, pero tengo que pensar en el presente, es lo único que tengo. Tus metáforas son bastante entretenidas =). Saludos.

Anónimo dijo...

Me encanto la comparacion =)
Aveces te llega el recuerdo y en recuedo debe quedar. Para vivir un presente y no añorar un pasado
Soy anonne xD

Erika Zeballos dijo...

ESA! El recuerdo en recuerdo debe quedar, bien. Gracias por las metáaforas!:D